Al amanecer, el Gran Canal de Venecia (Italia) es otra ciudad. Sin el tráfico del día, la vía principal de la ciudad se queda en silencio y solo la cruzan algunas barcas de reparto y los primeros vaporetti, mientras la luz baja enciende las fachadas de los palacios. Ese canal en forma de «S» recorre unos cuatro kilómetros y funciona desde hace siglos como la gran avenida veneciana. Por eso las familias más poderosas construyeron mirando al agua: sus casas tenían la entrada principal en el muelle, no en la calle, y todavía hoy se distingue el orden de sus puertas y ventanas sobre la superficie.