En Xuancheng, Anhui, varias personas reman por un resplandeciente laberinto de cipreses calvos, donde el otoño transforma los bosques inundados en un mosaico de tonos ámbar, cobre y rojizos. Conocido científicamente como Taxodium distichum, el ciprés calvo es una conífera poco común, ya que cada otoño pierde sus suaves hojas en forma de aguja, que adquieren un tono marrón rojizo antes de caer. En Norteamérica, es conocido por prosperar en pantanos, llanuras aluviales y otros hábitats húmedos, donde suele desarrollar unas peculiares protuberancias de las raíces, conocidas como “rodillas”, que sobresalen del suelo y del agua.