El puente de Brooklyn, en Nueva York, Estados Unidos, no es solo una conexión entre dos orillas: es un monumento a la ingeniería del siglo XIX y a la tenacidad humana. Inaugurado en 1883 tras catorce años de obras, fue el primer puente colgante de cables de acero del mundo. Su construcción tuvo un giro inesperado: cuando el diseñador John A. Roebling falleció y su hijo Washington quedó incapacitado, fue su esposa Emily Warren Roebling quien aprendió ingeniería para supervisar la finalización del proyecto.