El Paso de Julier, en Suiza, es una de esas carreteras que se convierten en destino por sí solas. A más de 2.200 metros de altitud, este paso alpino conecta valles a través de una ruta transitada durante casi dos milenios: romanos, mercaderes y mensajeros ya lo cruzaban sin asfalto ni barreras de protección. Cerca de la cima, los arqueólogos han hallado monedas y dos columnas de esteatita que apuntan a la existencia de un santuario donde los viajeros buscaban amparo.